Notas Diplomáticas desde el Aprismo
Estas líneas son originarias, por no perseguir a nadie más que la verdad y por tener propósito de inspirar el estudio del servicio diplomático.
Inicio señalando, como antecedente general, que desde su independencia la diplomacia peruana ha vivido tres grandes etapas. Primero, una etapa territorial, concentrada en fronteras, guerras y soberanía. Una segunda, jurídica, centrada en tratados, arbitrajes y solución pacífica de controversias. Tercera, una etapa económica, orientada al comercio, inversión y posicionamiento geoeconómico en el Asía Pacífico. Teniendo el aprismo, activa participación durante el siglo XX y parte del presente.
El reto Interamericano
Las características que se observan hoy en el hemisferio, occidental mestizo e independiente, son que: sus luchas siguen siendo jóvenes. Fruto de la vitalidad que aún tiene por ser mejor y más libre. Porque tiene por conquistar inmensos recursos. Espacios vacíos, geográficos y poblacionales. Que la principal afiliación obligada hoy en día es al autoempleo, la informalidad o al desempleo. No la ilegalidad, ni la corrupción que siempre serán de libre decisión. Finalmente, que, junto a la variedad de lenguas y creencias, en diferentes países, no ha consolidado perjuicios raciales.
Por otro lado, dentro del hemisferio de la abundancia, hay países donde se carecen de recursos. No solo de capital. Porque hay necesidad de acceso a tecnologías, incluyendo las de defensa, para aprovechar la abundante energía costo efectiva disponible, y el acceso a mercados con el comercio. Porque la riqueza a flor de piel tiene que servir el propósito de elevar la productividad de las generaciones por venir.
Pero la principal limitación en el hemisferio es aún de “pan con libertad”. Mediante el cual, cualquier persona, independientemente de su origen, etnia o color de piel, puede lograr sus metas y superar desafíos sin las limitaciones de las circunstancias de su nacimiento. Porque se les redime del yugo impuesto con dinero del pueblo, fruto de decisiones, que condenan al rezago generacional dentro de sus propios territorios.
Si revisamos la historia de la diplomacia peruana, podemos decir, que su performance en el hemisferio ha sido mejor defendiendo que proyectándose. Aunque ha tenido logros, personales y colectivos, de mucha significación[1]. Por lo tanto, costará dejar de ser reactiva, jurídica y protocolar; para pasar a ser más, estratégica, ejecutiva y práctica, requiriendo un consistente esfuerzo en legitimidad fiscal[2]. Cuando mencionamos legitimidad fiscal nos referimos al destierro del desperdicio, inepcia, clientelismo, entreguismo e indiferencia en el uso del dinero de los impuestos, al vivir la diplomacia.
Por ejemplo, desde la autopsia
del presupuesto civilista, trabajo realizado por la Brigada Técnica y Estadística
del PAP en 1936, el aprismo rechaza todo resabio colonial en la diplomacia, más
aún, aquel de sentido cortesano que recuerde al “diplomático civilista”. “Que
no es el funcionario del estado que, en el exterior, representa y estudia la
mejor forma de proteger y beneficiar los intereses del país. Es
simplemente el afiche artificial de un señorío de medioevo, destinado a
impresionar en los salones de retrasado ambiente aristocrático. No llena
su función popular de difusor de nuestro acervo cultural o económico”.
No reconoce meritocracia alguna, en “un más o menos viejo “niño bien”, que debe -según su criterio- hacer saber a los “niños bien” de otros países, que en Lima no hay “huachafos”, que todos son nobles por derecho de nacimiento y bien educados según sus ideas, y que el país no tiene más que los defectos que ellos proclaman”.
Por tanto, la propuesta diplomática del aprismo fue, desde sus orígenes políticos como alianza de clases, desde su propia verdad. Es decir, desde el punto de vista de la observación de las clases productoras, el campesinado, el trabajador industrial, el empresario, las clases medias y los intelectuales. Donde tres frases ayudan a describirla: “La internacionalización del canal de Panamá”. “Fidel no es el primer caso de entreguismo en la historia de América Latina” y “La Organización de Estados Americanos ya definió, al dictador Trujillo, como agresor no solamente de otros países sino de su propio pueblo”. Dos de ellas le son propias a Víctor Raúl Haya De la Torre. La tercera, piedra fundamental, corresponde al programa máximo; porque, la obligación interamericana primera es la defensa y libertad de nuestros propios pueblos.
Pero ¿cuál es el territorio interamericano para el aprismo? Solo el que corresponde a la américa morena, término acuñado por Seoane para referirse a Indoamérica. Para responder a esta pregunta, me apoyaré en palabras propias de Haya De la Torre, publicadas en el periódico O´Estado de la ciudad de Sao Paulo, durante un viaje realizado al Brasil en 1962. Donde Haya De la Torre expresó: “Yo sostengo que el tratado de Rio de Janeiro de 1947 es el verdadero camino, ya que la Doctrina Monroe no señala ningún procedimiento[3]. El tratado de Rio de Janeiro contiene una doctrina moderna, sobre todo en su parte considerativa”. […] La razón aún está en este tratado que autoriza la acción colectiva de los estados americanos en defensa de la democracia y de los derechos humanos”.
“La defensa de los derechos de la persona humana debe ser una obligación interamericana. Además -agregó- el tratado fue ratificado por los 21 países signatarios. […] En su párrafo sexto consta que se debe identificar como agresión no solamente la agresión armada de un estado contra otros. Sino también la agresión de cualquier tipo, por ejemplo, la agresión ideológica. Este tratado marcó los límites del hemisferio; y de ese modo, especificó, lo que es penetración extranjera en América”. Adicionalmente, según Haya de la Torre “El tratado de Rio, aunque no puede considerarse enteramente perfecto, es el documento más importante producido hasta ahora por la jurisprudencia continental”
Para ilustrar el concepto adjunto imagen elaborada con Inteligencia artificial. La cual ayudo a posicionar en un mapa los puntos especificados en el tratado.Pero, Haya De la Torre dijo además: “Necesitamos, nosotros mismos, plasmar nuestro mundo interamericano, de forma que nos fortalezcamos. […] Precisamos, primeramente, definir lo que se entiende por soberanía nacional de un Estado”. Según el principio democrático el Estado no es soberano mientras que el pueblo no es igualmente soberano; esto es, mientras no puede ejercer libremente sus derechos ciudadanos”.
Diplomacia conductual
La Alianza Popular Revolucionaria Americana es, desde su nombre, organización interamericana de lucha antimperialista, no marxista leninista, fundada el 7 de mayo de 1924 en la ciudad de México. Por lo cual no es diplomacia neutralista pasiva sino de una política exterior orientada a maximizar el poder negociador de cada nacionalidad dentro de América. No es retorica. Destacando tres rasgos que le son característicos: política basada en bloques regionales, integración económica y defensa común de intereses. Producto de su historia de persecución, exilio, clandestinidad vivida durante golpes militares, como por aquella que se desarrolló durante sus dos gobiernos.
El aprismo ha defendido históricamente la integración, el mercado común regional, la coordinación diplomática continental, cooperación entre países y la autonomía frente a poderes externos. Además, el APRA ha visto con simpatía y proactividad mecanismos como la Comunidad Andina, la Alianza del Pacífico, más si se orienta a productividad e integración real, aunque en ellos haya permanecido una falla “geoeconómica” por construir países mejor integrados hacia afuera, pero aún desintegrados hacia adentro[4]. Así como acuerdos interamericanos de infraestructura, energía y comercio.
Pero la diplomacia económica, como la de la Alianza del Pacífico, ha devenido hoy en día en club de ministerios
de comercio y relaciones exteriores. Donde abundan tecnócratas del engaño y
plenipotenciarios de la alabanza, queriendo hacer creer que el problema sigue
siendo arancelario, logístico o financiero. Cuando el problema
es de legitimidad. Es integral. La Alianza del Pacífico no
está estancada por falta de tratados. Está estancada por ceguera. Porque sus países, no necesitan abandonar la apertura económica, necesitan completarla.
Es necesario segundo debut en la Alianza del Pacifico. Basado en el regionalismo aprista y la inversión en infraestructura. Ejecución coordinada de planes de inversión quinquenales conectando regiones pobres con puertos, aeropuertos, redes digitales, carreteras, cadenas logísticas. Aplicando el concepto de corredores. Así como la simplificación tributaria, crédito a mypes y pymes, digitalización de pagos, compras públicas regionales y certificación exportadora, para aumentar la contratación de personal y conquistar espacios vacíos dentro del hemisferio.
El regionalismo económico apristas tiene su parte esencial en el “regionalismo de los explotados”. El cual fue definido por Haya como elemento de progreso y cooperación entre las diferentes áreas económicas, porque rechaza naturalmente el sometimiento de unas regiones sobre otras, de un distrito sobre otro, de una parte, de la cuenca sobre otra. Para Haya de la Torre, los explotados son todos necesitados, son todos olvidados; y, por tanto, todos de solidario interés que se concrete lo postergado. De la misma manera que se aplica para una región dentro de un país, se aplica para grupo de países dentro del hemisferio. Más desarrollo del concepto pueden encontrar en “El Proceso” Haya De la Torre Obras Completas Vol. 5 pág. 265; o en articulo adjunto[5].
Por otro lado, ideológicamente el aprismo es amante de la sobriedad en diplomacia. Porque, por un lado, rechaza la retórica incendiaria sin propósito ni beneficio; como la huachafería plenipotenciaria que se vanagloria de lujos y apetitos. La diplomacia no publica, sin pudor, aireando la inflazón en el número de embajadas y legaciones que se advierte en consulados. “Recordemos que ellos, en numerosos casos, han constituido premios políticos para personajes de moral dudosa. Cada vez que amorales de cierta categoría se ven obligados a abandonar el Perú, por una u otra causa, se les da en compensación un paraíso diplomático, donde puedan holgar a sus anchas”. Palabras de la brigada Técnica.
El presupuesto de Relaciones Exteriores debe dejar de ser una caja ceremonial de cuotas, viajes, consultorías y privilegios. Cada sol diplomático debe probar que defendió intereses de peruanos, abrió mercados o protegió soberanía. Porque de lo contrario será burocracia con inmunidad y trato privilegiado para engordar e inviolabilidad de valija para comerciar. Permitiendo rezagos de hábitos de condes y duques plenipotenciarios, pero en repúblicas en plena era de la digitalización. Estas no son palabras usuales desde centro derecha liberal con estilo tecnocrático y entreguista. Son de clase. Porque buscan mostrar lo que otros ocultan o desprecian.
A la diplomacia del aprismo se le ha querido caricaturizar por un supuesto pasó desde un antimperialismo económico “duro” a un pragmatismo pro-inversión, aunque sin abandonar la retórica de la integración latinoamericana. Olvidando, por un lado, que el verdadero antiimperialismo económico es en esencia “destierro del despilfarro, inepcia, entreguismo y compadrazgo del uso del dinero de los impuestos”. No el antiimperialismo de negarse a pagar deudas ni dejar vincular diplomacia con república y democracia. Por su tradición, toda política exterior aprista legítima, defiende: derechos políticos; elecciones libres; partidos organizados; rechazo a dictaduras militares; soberanía nacional, lucha antiterrorista y asilo político.
Termino indicando dos puntos. Que en lo económico. La diplomacia aprista, es aquella que insurge desde el pragmatismo nacional y popular. Por lo tanto, no olvida ni se entrega, menos desperdicia. Por ello la tensión histórica del Aprismo está en elevar la productividad de la peruanidad sin distingos. Está más allá de su comida, su música. No pretende ser diplomacia que “venda” tamales junto con paquetes turísticos. No porque menosprecie esencias. Sino porque la verdadera profundidad de la Marca Perú, por ejemplo, está en la diplomacia que inspira su moneda. “La diplomacia del Sol”. Aquella que es resultado manifiesto de ser moneda de reserva de valor para todos quien la posean, más allá que atracción de inversores por desnudar escotes tributarios. La esencia de la diplomacia económica del aprismo está en la estabilidad monetaria, que es determinante para garantizar los ingresos de las clases productoras.
La segunda que la “verdadera revolución” de "justicia
social de pan con libertad", no es la transformación costo efectiva de
las relaciones políticas del estado en el exterior. Es concretar la reciprocidad
y soberanía que requiere la peruanidad diariamente para hacer realidad sus
sueños. Porque reducir el antiimperialismo aprista a retórica contra
potencias. Seria dejarlo manco y cojo. Cuando el aprismo es fe, unión,
disciplina, pero sobre todo acción.

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